Hablemos de innovación: Dunalastair como pionero en educación sostenible
En un mundo cada vez más afectado por el cambio climático y el impacto que tiene el ser humano sobre la naturaleza, la sostenibilidad se ha convertido en un concepto clave dentro de la educación. Pero, ¿qué significa realmente este término? La sostenibilidad es el equilibrio entre el uso de recursos naturales, el desarrollo económico y el bienestar social sin comprometer a las futuras generaciones.
Reducir la huella de carbono es una de las estrategias fundamentales para lograr la sostenibilidad, ya que permite minimizar el impacto ambiental, combatir el cambio climático y promover el uso responsable de los recursos.
Las acciones sostenibles, como el uso de energías renovables, la eficiencia energética y el reciclaje, entre otros, contribuyen a disminuir esta huella y a construir un futuro más equilibrado y amigable con el planeta.
Actualmente el mundo exige respuestas concretas, es por eso que Dunalastair -parte de Grupo Cognita, una red de más de 100 colegios alrededor del mundo, que también cuenta con una estrategia de sostenibilidad, como explican en su Reporte de Sostenibilidad 2023, con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU – ha asumido un rol protagónico respecto a esta temática. No se trata solo de enseñar teoría en las salas de clases, sino de aplicar principios para cuidar el entorno en la práctica diaria. A través de una serie de iniciativas innovadoras, se han propuesto reducir el impacto ambiental y fomentar la conciencia sobre el mundo que los rodea.
“La sostenibilidad no es solo un tema más: es una mirada transversal que enriquece todas las áreas del conocimiento y potencia liderazgos con sentido. Cuando los estudiantes aprenden desde pequeños a cuidar el entorno y valoran los recursos naturales, se convierten en agentes de cambio”, explica Felipe León, director de Diario Sustentable.


Midiendo para mejorar: Huella de Carbono y el Sello Huella Chile
Comprometerse con el medioambiente requiere medir el impacto y tomar decisiones informadas. Por eso, el año 2022, la institución comenzó a implementar un sistema de medición de la huella de carbono, que permite evaluar sus emisiones de CO2 y buscar estrategias para reducirlas. Gracias a este esfuerzo, por dos años consecutivos, han recibido el Sello Huella Chile, un importante reconocimiento otorgado por el Ministerio del Medio Ambiente que certifica a las organizaciones que trabajan activamente en la reducción de su impacto ambiental.
“No basta con hacer pequeños cambios, es necesario medir el impacto para saber cuáles son nuestras áreas de mejora. Con esta certificación, reforzamos nuestro compromiso con la sustentabilidad”, afirman desde la comunidad educativa.
El especialista en temas de sustentabilidad que cuenta con uno de los medios de comunicación más importante de Chile en estas materias, agrega: “Que los colegios midan su huella de carbono refleja un compromiso real con el medioambiente y los posiciona como referentes educativos con visión de futuro”. Además, destaca que “medir la huella conecta a estudiantes y docentes con una acción concreta que impacta positivamente al planeta, enseñando con el ejemplo”.
Para el colegio, este logro es solo el comienzo de una cruzada medioambiental que es columna vertebral en su educación, ya que están trabajando arduamente en el desarrollo de una meta de reducción y una política medioambiental que refuerce su rol como agentes de cambio. “No basta con hacer pequeños cambios, es necesario medir el impacto para saber cuáles son nuestras áreas de mejora. Con esta certificación, reforzamos nuestro compromiso con la sustentabilidad”, afirman desde la comunidad educativa.

El especialista en temas de sustentabilidad que cuenta con uno de los medios de comunicación más importante de Chile en estas materias, agrega: “Que los colegios midan su huella de carbono refleja un compromiso real con el medioambiente y los posiciona como referentes educativos con visión de futuro”. Además, destaca que “medir la huella conecta a estudiantes y docentes con una acción concreta que impacta positivamente al planeta, enseñando con el ejemplo”.
Para el colegio, este logro es solo el comienzo de una cruzada medioambiental que es columna vertebral en su educación, ya que están trabajando arduamente en el desarrollo de una meta de reducción y una política medioambiental que refuerce su rol como agentes de cambio.
Energía solar: un paso firme hacia la sustentabilidad
Siguiendo esta misma línea, el establecimiento escolar ha apostado por la energía renovable con la instalación de una planta fotovoltaica en su sede de Chicureo, un hito clave en su compromiso ambiental. Este sistema, diseñado para abastecer gran parte del consumo eléctrico del colegio, no solo reduce significativamente la dependencia de fuentes de energía convencionales, sino que también disminuye la emisión de gases de efecto invernadero. La planta es un claro ejemplo de cómo la tecnología puede integrarse en la educación para generar cambios positivos y concretos.
Otro claro ejemplo del rumbo que está tomando la institución hacia la sostenibilidad es el sistema de compostaje que han instaurado. De la mano del Sr. Compost, la iniciativa nace como un piloto desde el laboratorio de la sede de Chicureo, a cargo de profesoras del Centro de Desarrollo Científico (DDC) como de tres alumnos de Séptimo básico. Hoy trabajan a toda máquina para replicar el modelo en las sedes de Las Condes y Peñalolén. Esta iniciativa permite transformar los restos de comida en abono natural, cerrando el ciclo de los residuos y fomentando la economía circular.
El compost generado es utilizado en la huerta escolar, un espacio donde los estudiantes pueden aprender sobre agricultura sustentable y alimentación saludable. Sin embargo, a través de lo anterior se estudian más alternativas gracias a la alta cantidad de humus y lixiviado que han logrado extraer. Este último concepto hace alusión al líquido que se forma cuando el agua se filtra a través de materiales sólidos, como residuos sólidos o suelos, disolviendo y transportando sustancias químicas.
Es un problema ambiental en vertederos, ya que puede contaminar el suelo y las fuentes de agua si no se gestiona adecuadamente. La idea es inculcar en los niños y niñas la importancia de reducir los desechos y comprender que cada acción cuenta en la lucha por un mundo comprometido con el medio ambiente.
Dentro de este contexto, el colegio adoptó el método del Bokashi, compostaje anaeróbico que utiliza microorganismos para descomponer los restos de alimentos y otros desechos orgánicos. Este proceso produce un fertilizante rico en nutrientes que puede ser utilizado para enriquecer el suelo en jardines y huertos.
Si bien estos son los proyectos más emblemáticos, Dunalastair ha desarrollado diversas iniciativas para consolidar su compromiso ambiental. Entre ellas se encuentra el Green Team: profesores a cargo de un grupo de estudiantes voluntarios que lideran actividades ecológicas y sensibilización dentro de la comunidad educativa y la rama de Reforestación, que es la participación en programas para restaurar ecosistemas locales.
Un esfuerzo comunitario
El compromiso de Dunalastair con la sostenibilidad trasciende las aulas y se convierte en un modelo a seguir para otras instituciones. Con cada panel solar instalado, cada kilo de residuos compostados y cada estudiante involucrado, el colegio demuestra que la educación puede ser una poderosa herramienta de cambio.
Desde las políticas gubernamentales hasta la participación de las familias, cada acción cuenta para construir un futuro más responsable con el planeta. La tarea de formar ciudadanos comprometidos con el medioambiente empieza en las aulas, pero su impacto puede trascender generaciones.
“La sostenibilidad se construye colectivamente, y la comunidad escolar es el corazón de ese cambio. Profesores que integran temas ambientales, estudiantes que impulsan campañas y familias que replican hábitos en casa, generan un ecosistema coherente y poderoso”, señala León.
Ejemplos como el de Dunalastair nos recuerdan que construir un futuro más sostenible es posible, y que cada acción cuenta en el desafío de proteger el planeta. En este sentido, la pregunta es clara: ¿estamos realmente preparados para asumir el desafío? La respuesta depende de la voluntad colectiva de educar con conciencia y actuar con responsabilidad.
¿Cómo podemos seguir aportando? ¿Qué más necesitamos saber? Claramente mucho, pero podemos avanzar poco a poco.